Un tiempo de preparación

Para quienes vivimos la fe católica, la Cuaresma es un tiempo de preparación para celebrar la Pascua, en ésta celebramos la resurrección de Jesucristo y la liberación de los israelitas de la esclavitud en Egipto. La Iglesia nos invita a aprovechar este periodo para fortalecer nuestra vida espiritual, crecer personalmente y mejorar nuestra convivencia con los demás.

Aun siendo un tiempo especial, algunas personas lo viven con pesimismo, incluso con un profundo sentimiento de culpa, lo que empaña su verdadero sentido: un periodo de oración y encuentro con lo sublime, con aquello que nos hace trascender y reencontrarnos con nuestro propósito de vida.

Muchas veces, la falta de propósito en la vida tiene sus raíces en los acontecimientos del pasado que han dejado heridas profundas, dando lugar a la interrogante: “¿porque a mí?”. En estos momentos, es común que las personas sientan que no tienen fuerzas emocionales para transformar ese “¿Por qué?” en un “¿para qué?”.

Un dolor intenso

Cuando el dolor es intenso, la vida puede parecerse a lo que San Juan de la Cruz llamó “la noche oscura del alma”. Para este poeta místico del siglo XVI, el sufrimiento es una etapa en la vida espiritual que, aunque difícil, puede conducir a una renovación interior y a un crecimiento profundo “al experimentar la unión con Dios”.

Siglos después, en el siglo XX, Carl Jung, expuso que el sufrimiento aparece en distintos momentos de la vida, brindando a la persona la oportunidad de resurgir y vivir de acuerdo con sus valores. Al mismo tiempo, le permite aceptar y comprender sus miedos, inseguridades y aquellos aspectos que considera menos agradables.

Como resultado, se vuelve capaz de manejar sus emociones, vivir en equilibrio y en armonía entre sus deseos, pensamientos y sentimientos, logrando actuar de manera auténtica. Ser una persona auténtica implica abrazar tanto la luz como la oscuridad dentro de sí y, al mismo tiempo, actuar conforme a sus propias convicciones.

El sufrimiento, fuerza que nos impulsa a crecer

Si el sufrimiento puede gestar autenticidad, entonces Friedrich Nietzsche tenía razón al afirmar que no es solo algo negativo, sino una fuerza capaz de impulsarnos a crecer. Para él, el sufrimiento es inevitable, pero la diferencia radica en el significado que le damos.

La clave, según Nietzsche, está en encontrarle un propósito; al hacerlo, dejamos de enfocarnos exclusivamente en el dolor y lo transformamos en una oportunidad para desarrollar fortaleza.

Tanto Jung como Nietzsche consideran el sufrimiento una oportunidad para el crecimiento personal. Muchas personas que atraviesan una crisis dolorosa han logrado encontrar, en medio de su noche oscura un propósito un “para qué”.

Sin embargo, es común convivir con otras personas que, en cambio, caen en una profunda desesperación. Para ellas su “noche oscura” se traduce en desilusión, y están muy lejos de pensar en salir fortalecidos de la crisis.

El pájaro de fuego

Para Pichon Riviére, una crisis brinda la oportunidad de experimentar la vida desde diversas perspectivas: nuevas maneras de ver y escuchar, nuevas formas de sentir y experimentar y nuevas maneras de pensar y conocer.

Hace referencia a la metáfora del Pájaro de Fuego de Gilles Deleuze: una criatura mágica con plumas doradas y rojas que brillan como llamas. El fuego simboliza luz, transformación y conocimiento. Su intervención ayuda al protagonista a superar obstáculos y derrotar al mal. La historia refleja la lucha entre el bien y el mal, la valentía y la recompensa por la bondad y la sabiduría.

¿No es acaso lo que sucede cuando atravesamos una crisis? Ahora te pregunto… ¿ya te has encontrado con tu Pájaro de Fuego?